Eugene Gendlin, filósofo precursor de la Psicología Experiencial, era un estudiante con gran interés por desarrollar “un método para comunicarse con todo tipo de gente. De joven, ya estaba preguntándose acerca de la construcción de significado y la creación de las experiencias significativas.En la universidad de Chicago, se encontró con algunos artículos de Carl Rogers sobre las emociones y la empatía y se fue convirtiendo en su colaborador.

Allí mismo empezó a reformular la teoría Rogeriana y concretar cada vez más su propio método: el Focusing.

En la década del 60, comenzó a mostrar un particular interés en aquellos aspectos que aparentemente determinaban el éxito o el fracaso de los tratamientos terapéuticos de la época, tomando como referencia el logro de cambios reales y profundos en la vida de las personas.

Junto a otros profesionales se dedicó a analizar tanto las posturas terapéuticas clásicas, como las más recientes, y después de escuchar innumerables sesiones grabadas, las dividió en dos grupos: aquellos que contenían procesos psicoterapéuticos tras los cuales los pacientes habían logrado modificaciones significativas en sus conductas, y las que evidenciaban procesos no exitosos.

En principio focalizaron su escucha sobre los terapeutas, suponiendo que algo en sus intervenciones o actitudes determinaba el éxito o el fracaso del tratamiento. La investigación demostró sin embargo, que no existían diferencias significativas. En ambos grupos, la actividad de los terapeutas era esencialmente similar, no obstante ante ello, algunos pacientes progresaban y otros no.

Cuando la escucha se trasladó a los pacientes, los investigadores encontraron la diferencia. Con sólo oír una o dos sesiones grabadas, se podía predecir quiénes finalizarían con éxito su terapia. Estos pacientes (o clientes) parecían tener una percepción interna, un darse cuenta corporal, una peculiar sensación física desde la cual provenía y a donde se remitía en forma recurrente su discurso. En estos casos, eran comunes frases como las siguientes: “¿Cómo podría describir esto…? deteniéndose, buscando las palabras indicadas, “… es como miedo, pero no, no es exactamente miedo… humm… lo siento aquí en mi pecho… como si necesitara gritar”.

Contrariamente, otros pacientes tenían un discurso articulado durante toda la sesión sin sensaciones corporales. Analizaban sus problemas, los explicaban, los lloraban, pero no lograban cambios significativos en sus vidas. La investigación demostraba que la terapia no enseña el “como” a los que ya no saben “cómo”.

Gendlin se lanzó a ver si podía enseñar y transmitir este importante acto interior, y gradualmente, a través de muchos años, fue descifrando paso a paso las normas, para hacer exactamente lo que estos pocos pacientes con resultados positivos, de alguna manera habían sabido hacer. Fue profundizando en el proceso y de cómo ayudar al ser humano a conectar de forma consciente con esa maravilla natural que se encuentra en nuestro interior, y encontró la forma de estructurar el proceso para poder enseñarlo con sencillez a todas las personas y ser utilizado no sólo en psicoterapia, sino también como herramienta de desarrollo y crecimiento personal, de relación de ayuda, educacional, etc…

 

The Focusing Institute